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La tía María.


Tenía once años cuando vino la primera vez.

Había ido al cajero con mi madre, todavía lo recuerdo. Llevaba un conjunto fucsia de esos horrendos que te ponen cuando todavía no decides con qué vistes. Era el dolor más fuerte que había sufrido hasta entonces: "Me duele la barriga".

Mi madre, experta en dolores (todavía hoy lo sigue siendo) preguntó donde, y al explicarle me aclaró que no era la barriga, sino los ovarios. A día de hoy el dolor ya no remite ni con fármacos, no quieren hacer efecto, no con ella.

Pasé años con dolores cada vez más intensos, teniendo incluso que pasar esos días en cama. Probé con calor, con distintos medicamentos...Entonces algunos hacían efecto. Ojalá lo siguieran haciendo.
Con los años se ha vuelto peor, aunque más corta, suele irse en una semana.
Los dolores a veces me doblan, hacen que se me salten las lágrimas, provocan profundos suspiros e incluso a veces me vuelven a obligar a meterme en la cama.

Algunas veces sangro más, otras menos, algunas veces incluso llego a marearme. Soy muy despistada, lo reconozco. A veces no me acuerdo de llevar un tampón si salgo. Las manchas son comunes, todas hemos vivido lo de tirar una prenda que te encantaba porque la mancha de sangre no se va. Qué rabia.

¿Y los anuncios? "Siéntete limpia", "Me encanta ser mujer", "Absorbe incluso boca abajo".
Hace cosa de un mes tuve oportunidad de hablar con un publicista que había participado en una de esas campañas. Me confesó avergonzado que sí, que también fue ridícula, pero que la empresa dictaba una imagen y que, a menudo, ésta estaba compuesta de clichés.
Y eso somos a menudo, un cliché con patas. Pidiendo compresas o tampones entre susurros (ahora ya paso de esconderme, pero eso pasó, todas lo hemos pasado) y poniéndole mil nombres a algo que te pasa cada mes, que es natural, que no puedes evitar, aunque quisieras.

Estar en "esos días", que si te ha venido a visitar tu amiga la roja, la tía María, la comunista... cuarenta mil tonterías. Estoy con la regla, y sangro, y me duele. Y bastante tengo con aguantarlo como para tener que esconderlo.

Gracias a Jen, que me ha dado alas para hablar de este tema que es tan tabú. Aquí su entrada.

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